BURNOUT EN DOCENTES: CUANDO EL CANSANCIO LABORAL YA NO ES PASAJERO

¿Alguna vez te has sentido cansado/a o desgastado/a con tu trabajo o estudios? ¿Quizás, incluso, con una falta de propósito o de realización en cuanto a los mismos? Para muchos lectores, las respuestas son tan evidentemente afirmativas, que quizás la pregunta clave no sea si esto ocurre, sino con qué frecuencia sucede y qué se puede hacer para enfrentarlo.
Hoy en día, la existencia del síndrome de desgaste ocupacional, también conocido como “burnout”, es ampliamente reconocida, afectando a personas en una variedad de contextos laborales, como el de la salud, servicios y atención, periodismo, educación, entre otros. La prevalencia de este fenómeno lo ha convertido en objeto de estudio científico y ha llevado a la Organización Mundial de la Salud ([OMS], (2019) a incluirlo dentro de la 11va revisión de su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), donde si bien no es considerado como tal una enfermedad, sí se califica como una circunstancia o problema que influye en el estado de salud de la persona.
Desde la perspectiva de este organismo, el burnout puede entenderse como el resultado del estrés laboral crónico que no ha sido manejado de manera adecuada, caracterizándose por tres dimensiones: 1) una sensación persistente de agotamiento físico y emocional; 2) un distanciamiento mental del trabajo, acompañado de sentimientos negativos o cínicos respecto al mismo; y 3) una percepción de ineficacia y falta de realización personal. Además, autores como Deroncele-Acosta y colaboradores (2023) sugieren una cuarta dimensión, que es la de la aparición de sentimientos de culpa por el propio rendimiento y por los comportamientos y actitudes negativas hacia el trabajo.
En resumen, cuando una persona padece de burnout, no se trata únicamente de cansancio ocasional, sino de un proceso más profundo que puede afectar de manera significativa su bienestar psicológico y físico, complicar patologías o enfermedades presentes e incidir en su capacidad para desempeñarse efectivamente en su trabajo (Alvarado-Peña et al., 2023).
El burnout en el contexto universitario
A pesar de que la OMS subraya que este síndrome se vincula específicamente con el ámbito laboral y que no debe confundirse con malestares derivados de otras áreas de la vida, de manera habitual se vincula al burnout con la experiencia estudiantil. La escuela, por su naturaleza y exigencias cotidianas, se percibe como un espacio donde confluyen una variedad de factores asociados con el estrés y la ansiedad: exámenes, calificaciones, obligaciones, plazos, proyectos. Con frecuencia se escucha tanto a estudiantes como a padres y madres de familia hablar sobre el tema, mostrando una preocupación justificada por la sobrecarga de ocupaciones escolares. En el ámbito universitario, incluso, es común que alumnas y alumnos elijan al burnout estudiantil como objeto de estudio en clases de investigación.
Mientras el desgaste académico se discute ampliamente desde la experiencia del estudiantado, el malestar de quienes enseñan suele permanecer en un segundo plano. En este sentido, es importante destacar que la docencia es una de las profesiones más propensas a desarrollar problemas de salud mental y riesgos psicosociales relacionados con el burnout (Alvarado-Peña et al., 2023), una realidad que con frecuencia pasa inadvertida en el debate público.
En el contexto de la educación superior, esta problemática adquiere matices particulares. Aunque el trabajo docente es, sin duda, satisfactorio y se vincula estrechamente con la vocación, también encierra una notable complejidad, al involucrar múltiples actividades y funciones que pueden afectar la salud y el bienestar personal. Aspectos como la dedicación requerida para mantener un buen desempeño profesional; la presión por la productividad académica; el contacto constante con estudiantes, colegas y autoridades; y la sobrecarga laboral generalizada, configuran un escenario propicio para el desgaste ocupacional. Así, el burnout docente emerge como un fenómeno real pero poco visibilizado dentro del subsistema educativo universitario (Alvarado-Peña et al., 2023; Aguilar Covarrubias et al., 2025).
Hallazgos científicos sobre el burnout en docentes universitarios
¿Qué nos dice la investigación científica sobre el burnout en la docencia universitaria? Lejos de tratarse de una preocupación aislada o meramente anecdótica, el desgaste ocupacional del profesorado ha comenzado a ser analizado de manera sistemática desde distintos enfoques y contextos. En los últimos años, diversos estudios han buscado identificar su presencia, comprender sus causas y explorar posibles estrategias de prevención e intervención, aportando evidencia empírica que permite dimensionar el problema y reconocerlo como un fenómeno relevante en el nivel educativo terciario.
Un ejemplo de ello es el estudio realizado por Aguilar Covarrubias y colaboradores (2025). Partiendo del reconocimiento del burnout como un problema laboral y no como una enfermedad en sí misma, los autores buscaron analizar los sentimientos y actitudes de 58 profesores universitarios, con la intención de medir la frecuencia e intensidad con los que se manifiesta este síndrome. Los resultados del estudio evidenciaron que la mayoría del profesorado presenta niveles bajos de agotamiento emocional y despersonalización, además existe un porcentaje significativo que comienza a mostrar signos tempranos de baja realización personal.

Por su parte, el estudio de Alvarado-Peña y colaboradores (2023) amplía la comprensión del burnout en docentes del nivel superior al situarlo como un fenómeno persistente y generalizado en América Latina. A través de una búsqueda y revisión de investigaciones publicadas entre 2012 y 2022, los autores encontraron que el burnout docente es una realidad presente en las universidades de países como Colombia, Ecuador, Venezuela, Perú, Argentina, Chile y México, aunque no se manifiesta de la misma forma en todos los contextos. Sus expresiones varían según el país, las condiciones de trabajo y las trayectorias personales de los docentes. En muchos casos, el agotamiento emocional aparece como la primera señal de alerta, incluso cuando los niveles generales del síndrome aún se consideran bajos. Al mismo tiempo, factores como la experiencia profesional, el capital psicológico del profesorado —como la resiliencia, la esperanza y el optimismo— y ciertas condiciones laborales actúan como factores protectores.
Lo anterior sugiere que el burnout no tiene una causa única, sino que emerge del cruce entre las exigencias institucionales y los recursos personales.
En otro estudio reciente, Deroncele-Acosta y colaboradores (2023) dan un paso más, al centrarse no solo en la evaluación del burnout en docentes universitarios, sino en la propuesta de acciones concretas para su atención desde una perspectiva psicosocial. A partir de un análisis multidimensional del síndrome, los autores subrayan que el desgaste docente no debe abordarse únicamente desde la responsabilidad individual, sino como un problema que requiere la colaboración activa tanto de la institución académica como de la comunidad educativa en su conjunto.
El programa de intervención propuesto en el estudio se orienta a la prevención y tratamiento del burnout, integrando el fortalecimiento de recursos personales proactivos, como la autoevaluación, el establecimiento de objetivos y el autocuidado, entre otros; el acompañamiento psicológico mediante sesiones de terapia, coaching y grupos de apoyo; y la mejora de las condiciones organizacionales, por ejemplo, promoviendo un clima de apoyo, de metas y de trabajo positivo y colaborativo. Esta propuesta refuerza la idea de que las universidades pueden —y deben— desempeñar un papel activo en la promoción del bienestar docente, desarrollando políticas y programas que favorezcan la salud mental y la calidad de vida.
¿Qué se puede hacer desde las universidades?
Es evidente que el burnout docente no es solamente un problema individual, sino uno laboral que afecta a toda la organización, es decir, a las universidades, ya que incide potencialmente en la calidad educativa misma. Por este motivo, una primera recomendación que resalta para afrontar esta situación es la de sensibilizar a la comunidad educativa en su conjunto, de manera que permita dar mayor visibilización a la relevancia de este fenómeno y a comprender que el bienestar de los docentes cumple un papel clave en el desarrollo de las instituciones educativas, al lado de la de sus otros actores.
Asimismo, siguiendo las orientaciones de los estudios revisados, es importante implementar estrategias de detección temprana que ayuden a determinar el grado del desgaste docente, lo cual resulta particularmente importante en sus fases iniciales. Esto facilitaría la adopción de medidas preventivas y de tratamiento oportunas tanto a nivel individual como institucional.
En congruencia con el punto anterior, la institución debe involucrarse de manera activa en la prevención e intervención integral del burnout, a través de alternativas como el establecimiento de normas y políticas que favorezcan el bienestar de las y los docentes, el favorecimiento de un clima organizacional colaborativo y de apoyo, y el acompañamiento psicológico al profesorado, entre otras.
Por último, es importante considerar, tanto a nivel personal como organizacional, el fortalecimiento del acervo psicológico del profesorado como factor protector, promoviendo capacidades como la resiliencia, el vigor, la esperanza y el optimismo.
En conclusión, el burnout o desgaste laboral docente en el contexto universitario es un fenómeno real, complejo y multidimensional, que no representa únicamente un problema a nivel individual, sino un tema de interés para la organización y para la comunidad educativa en general. La evidencia muestra que esta afectación no resulta de una sola causa, sino que surge de la confluencia entre múltiples factores relacionados con las condiciones laborales ylas particularidades del trabajo docente. El comprenderlo y reconocer su importancia permitiría adoptar medidas para favorecer no solo la salud y bienestar del profesorado, sino también la calidad de la educación brindada en estas instituciones.
Referencias
Aguilar Covarrubias, N. A.; Hernández Córdova, A.; González Zamarripa, G. (2025). Síndrome de Burnout en docentes del nivel superior de Latinoamérica. Ciencia Latina: Revista Científica Multidisciplinar, 9(3). https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i3.18757
Alvarado-Peña, L.; Amaya Sauceda, R.; Muñoz Castorena, R.; Reyes Alvarado, S.; Ramos Farroñán, E.; Sansores-Guerrero, E. (2023). Síndrome de burnout en profesores universitarios de latinoamérica: una revisión de literatura. Telos: Revista de Estudios Interdisciplinarios en Ciencias Sociales, 25(3), 802-818. https://www.redalyc.org/journal/993/99376074015/html/
Deroncele-Acosta, A.; Gil-Monte, P. R.; Norabuena-Figueroa, R. P.; Gil-LaOrden, P. (2023). Burnout en docentes universitarios: evaluación, prevención y tratamiento. Revista Venezolana De Gerencia, 28 (Edición Especial 10), 936-953. https://doi.org/10.52080/rvgluz.28. e10.5
Organización Mundial de la Salud. (2019). CIE-11 - Clasificación Internacional de Enfermedades, 11.a revisión. Estandarización mundial de la información de diagnóstico en el ámbito de la salud. https://icd.who.int/es/





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