EL MIEDO A LOS NÚMEROS: UN OBSTÁCULO SILENCIOSO PARA EL FUTURO CIENTÍFICO DE LA JUVENTUD
Actualizado: 22 jul
Podría pensarse que decisiones tan relevantes como la elección de una carrera profesional son el resultado de un análisis profundo y racional, basado en los gustos y talentos de cada persona. Sin embargo, la ciencia educativa ha comenzado a cuestionar esta idea, sugiriendo que una emoción primaria (la ansiedad) podría estar actuando como la verdadera arquitecta del destino académico y profesional de muchas y muchos jóvenes, sobre todo cuando se trata de pisar el terreno de las “mates”.
En la sociedad actual, el dominio de las matemáticas se relaciona con una participación más activa en la sociedad y mejores condiciones laborales. Con el auge de la robotización, el Big Data y la inteligencia artificial, la formación en disciplinas STEM (siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) se ha vuelto fundamental para atender los desafíos que actualmente enfrenta la humanidad. Sin embargo, mientras la sociedad valora más que nunca estas habilidades, un gran número de jóvenes experimenta un rechazo profundo hacia ellas.

La ansiedad matemática es un sentimiento de angustia, tensión y malestar que surge al manipular cifras o resolver problemas lógicos (Señas, 2024; Suárez, Núñez y Colomé, 2015, citados en Zamora et al., 2023). No es una simple falta de gusto, sino una respuesta emocional que se manifiesta con la aparición descontrolada de pensamientos intrusivos de preocupación y duda, y puede acompañarse de síntomas físicos como sudoración, palpitaciones, dolor de estómago o náusea, como si estuviéramos ante un peligro real.
Científicamente se ha identificado que, en las personas con altos niveles de ansiedad, la amígdala (el centro del miedo en el cerebro) se hiperactiva con solo anticipar una tarea matemática. Como consecuencia, este proceso consume los recursos de la memoria de trabajo, dejando a una persona incapaz de pensar con claridad (Zamora et al., 2023). Imagina que la mente es una computadora a la que le pedimos resolver un problema; cuando aparece la ansiedad matemática, es como si se abrieran en segundo plano decenas de programas muy pesados (los pensamientos intrusivos) que consumen toda la memoria disponible. Al final, el sistema se "congela" o se bloquea. En el cuerpo, esto se puede sentir como si nuestra mente se vaciara hasta quedarse en blanco y los números se transformaran en jeroglíficos imposibles de descifrar.
La ciencia se ha preguntado si la ansiedad matemática funciona como un "filtro" que aleja a las y los estudiantes de las áreas STEM mucho antes de que pongan un pie en la universidad. Tres estudios en particular (Nerio y Ramírez, 2024; Señas, 2022; Zamora et al., 2023) ofrecen perspectivas interesantes respecto a la dimensión vocacional de la ansiedad matemática, los cuales se revisan a continuación.
Una de estas investigaciones es la publicada en 2024 por la Dra. Olen Nerio Delgado y la Dra. Teresa Ramírez Puente, realizada en la Preparatoria 8 de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en México. Su objetivo principal fue entender cómo el miedo a los números, la seguridad personal y la importancia que las y los jóvenes le dan a esta materia influyen en su decisión de qué carrera estudiar en la universidad.
Se enfocaron específicamente en estudiantes de cuarto semestre de bachillerato, quienes se encuentran en un momento crítico de elegir su futuro profesional. Para recopilar información, 47 estudiantes respondieron anónimamente a un cuestionario, indicando su nivel de acuerdo en nueve afirmaciones, completando la encuesta digitalmente desde sus dispositivos móviles.
Los resultados revelaron que la ansiedad matemática es común entre los estudiantes: el 49% siente miedo hacia las matemáticas y más de la mitad se pone nervioso en exámenes. A pesar de valorar las matemáticas como importantes para su vida y futuro profesional, dos de cada tres estudiantes dudan de sus habilidades en esta área.
Además, se encontró que la ansiedad matemática y la autoconfianza se encuentran relacionadas; imaginemos que funcionan como un sube y baja: cuando el estrés sube, la seguridad en las propias habilidades cae drásticamente. Esto apunta a que el bloqueo emocional puede impedir que las y los estudiantes se vean a sí mismos como personas capaces de dominar la materia.
Con base en estos hallazgos, las investigadoras refieren que la ansiedad matemática, junto con la autoconfianza y la percepción de utilidad de las matemáticas, puede estar relacionada con la elección de carrera universitaria, ya sea para evitar o decantarse por las áreas del grupo STEM.
Por otra parte, el investigador Pablo Señas Peón, bajo la dirección académica de la Universidad de Cantabria, en 2022 llevó a cabo un estudio en un instituto rural de dicha región de España. Su objetivo fue descifrar cómo la ansiedad matemática afecta a las y los jóvenes en una etapa clave, es decir, cuando están a punto de decidir quiénes quieren ser en su futuro profesional.
Para lograrlo, involucró a 201 estudiantes de secundaria y bachillerato en una actividad sencilla. En medio de las clases habituales de matemáticas, las y los jóvenes participantes recibieron una hoja de papel con 18 frases para identificar sus principales miedos. Durante diez minutos, cada participante reflexionó en silencio sobre cuestiones como si le dolía el estómago antes de un examen de matemáticas o si sentía que su mente se quedaba en blanco, traduciendo sus emociones a una escala numérica.
Entre los resultados del estudiantado de bachillerato fue que quienes cursan un itinerario académico orientado a las ciencias expresaron tener menos ansiedad que quienes cursan ciencias sociales o latín, lo que lleva a cuestionar si existió algún mecanismo de evitación. Esto, dado que algunos de los estudiantes entrevistados afirmaron que experimentan ansiedad matemática y que, por ello, han elegido un itinerario alejado de las ciencias, o que consideran que las matemáticas son imposibles.
Además, sorprendentemente, se encontró que las mujeres cargan con un peso mayor de inseguridad, no por falta de capacidad, sino por la sombra de viejos prejuicios sociales que incorrectamente han sostenido que “eso no es para ellas”. Este hallazgo es relevante, ya que entidades como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) también se han pronunciado al respecto, señalando que desde los primeros años de educación primaria se observa una brecha de género en relación con la ansiedad matemática, por lo que resulta imprescindible erradicar estos estereotipos.
El tercer estudio fue el desarrollado por Samuel Zamora Lugo y su equipo de la Universidad Veracruzana y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su objetivo fue medir el Índice de Ansiedad Matemática en más de 500 jóvenes de diversas carreras para entender si este estrés es una respuesta específica a los números o si, simplemente, las y los estudiantes más nerviosos en general son también quienes más temen a las matemáticas. Para ello, encuestaron a 526 estudiantes universitarios, quienes marcaron sus reacciones ante 20 situaciones matemáticas y describieron sus síntomas físicos de ansiedad, así como sus inseguridades, creencias y emociones.
Lo que el estudio descubrió es que el alumnado de Humanidades y de Ciencias Biológico-Agropecuarias obtuvo los niveles más altos de ansiedad. En contraste, los menores niveles se registraron en Ciencias Fisicomatemáticas, Ingenierías y el área Económico-Administrativa. Dado que el estudiantado de Humanidades presentó alta ansiedad a pesar de no cursar matemáticas, el grupo de investigación sugiere la posibilidad de conductas de evitación hacia el contenido matemático por parte de este grupo, así como que esta reacción negativa se haya consolidado en etapas previas (secundaria o bachillerato).
Una de las revelaciones más impactantes es que la ansiedad matemática es independiente de la ansiedad general. Es decir, podemos creer que una persona “nerviosa” lo será en todo, pero los datos mostraron que alguien muy tranquilo o tranquila puede experimentar una parálisis mental ante el reto de enfrentarse a fracciones, porcentajes o a cualquier desafío que involucre números. Esto significa que el cerebro procesa el «peligro matemático», activando circuitos de miedo específicos que no tienen que ver con el resto de la personalidad.

Una tarea primordial se encuentra en manos del cuerpo docente, en el sentido de crear un ambiente de aprendizaje sano, donde predomine la confianza y no se castigue el error; al contrario, se utilice como una vía de aprendizaje. En este escenario, es indispensable que se consideren las creencias, emociones y actitudes de las y los estudiantes, y no se reduzca la enseñanza únicamente al desarrollo mecánico de operaciones y a la memorización de conceptos. Esto último está ligado a vincular las matemáticas con su utilidad práctica, lo que ayudaría a dejar de verlas como una disciplina abstracta y difícil de comprender.
Por otra parte, en apoyo al trabajo docente, las instituciones educativas de cualquier nivel tienen la responsabilidad de implementar sistemas eficaces de detección temprana que permitan identificar a estudiantes que no están teniendo una experiencia positiva con las matemáticas e implementar mecanismos de apoyo académico y emocional. No es necesario esperar a que un o una estudiante esté eligiendo su carrera universitaria para detectar si está descartando opciones por miedo. La orientación académica y profesional es un área clave para desplegar estrategias institucionales que mitiguen los síntomas de ansiedad matemática y apoyen la toma de decisiones racionales y conscientes.
Como última recomendación, y quizá la más importante, si estás leyendo esto y consideras que puedes estar atravesando síntomas de ansiedad matemática y te preocupa que pueda influir en tus decisiones, recuerda que es algo sobre lo cual es posible trabajar para que no te limite en tu desarrollo académico. Solicita ayuda y ten en cuenta que el éxito académico no solo depende de estudiar más, sino de sentirse seguro(a) en ese espacio de aprendizaje.
Para cerrar, es importante aclarar que en este texto no se asume que todas y todos los estudiantes deseen estudiar carreras del campo STEM. Existe una diversidad de opciones formativas, todas igualmente valiosas; sin embargo, el foco está en reflexionar que decisiones tan importantes no tengan su origen en el miedo, sino en un genuino interés, agrado y deseo de crecimiento y superación profesional.





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